Los ejercicios de estimulación de la memoria previenen el deterioro cognitivo en personas mayores

“En el cuidado de las personas mayores en el hogar es muy frecuente observar ciertos problemas de memoria asociados de manera normal al proceso de envejecimiento. Sin embargo, es necesario prestar atención a estas situaciones porque pueden ser el comienzo de un proceso de deterioro cognitivo que desemboque en cuadros severos e, incluso, en demencia”. Esta es la llamada de atención que realiza Manuel Castro, psicólogo y doctor en Desarrollo Adulto y Envejecimiento, con motivo de su conferencia ‘Estimulación de la memoria’. Dicha conferencia se enmarca dentro de la segunda edición del Programa de formación para familiares de personas mayores dependientes, puesto en marcha por el grupo sociosanitario Igurco, y que se celebra el miércoles, 25 de noviembre, en la alameda de Rekalde, 50, 3.ª planta de Bilbao.

Castro ha explicado que el deterioro cognitivo comprende varias fases: leve, moderada, severa y muy severa. “En todas ellas se produce una pérdida progresiva de funciones cognitivas que hacen precisa una intervención desde el punto de vista del cuidador”.

 

Así, el experto puso de manifiesto la existencia de una serie de ejercicios, “capaces de ser aplicados en cada fase” y que se distribuyen entre varios aspectos, entre los que ha citó “el lingüístico, las orientaciones temporales y espaciales, de juicio práctico y de capacidad de abstracción, de memoria topográfica, y de memoria visual y auditiva”.

En fases leves, ejercicios complejos

El experto, que también es director de Operaciones de Igurco, enumeró una serie de ejercicios “comunes a todas las fases, pero cuyo grado de dificultad tiene que ser progresivamente menor a medida que avanza el deterioro cognitivo en la persona”.

Así, aludió “al mantenimiento de charlas con la persona mayor a partir de temas que sabemos que le gustan o que conoce bien, preguntarle acerca de acontecimientos que hayan pasado recientemente en su barrio o localidad, sobre fechas señaladas en el calendario, aniversarios de efemérides o de sucesos personales relevantes, o sobre el contenido de los encuentros con eventuales visitas”.

Castro continuó abundando en los ejercicios posibles para paliar la aparición de síntomas de deterioro cognitivo, señalando la ayuda que puede suponer para las personas que lo sufren “leer las noticias del periódico, resumir el contenido de las mismas, emplear láminas temáticas, describir el contenido de fotografías de paisajes y elaborar historias a partir de imágenes”.

También existen ejercicios que trabajan especialmente el lenguaje y el razonamiento numérico, entre los que citó “los ejercicios de denominación de objetos, los de comprensión léxica (sinónimos y antónimos), repetición de frases, elaboración de órdenes simples y complejas, ejercicios de reminiscencias, de finalización de proverbios y refranes, y los clásicos de lectura, escritura y cálculo”.

Fases del deterioro cognitivo

“La primera fase, o fase leve, puede ser compatible con un alzhéimer incipiente. Se suelen registrar algunos olvidos respecto a lugares, denominaciones de los objetos, se extravían algunos objetos y se dan problemas de concentración y retención de contenidos vistos o leídos”. Una característica de esta fase es que la persona mayor suele negar estos déficits y, cuando se le señalan, “suele mostrar ansiedad e irritabilidad”.

En la fase moderada se aprecia “una disminución de la memoria a corto plazo, lagunas de la memoria personal, un mayor déficit de atención y mayores problemas para desempeñar tareas complejas”. A diferencia de la fase anterior, ahora, el mayor ya no muestra irritabilidad cuando se le hacen notar los fallos de memoria, sino que “reconduce su reacción a un comportamiento más lábil”.

En la siguiente fase, el mayor presenta olvidos de nombres o direcciones relevantes y desorientación temporal, aunque sí recuerda su nombre y el de sus allegados. Además, “manifiesta la pérdida de ciertas habilidades prácticas, aunque sólo necesita supervisión de sus tareas cotidianas, ya que mantiene un cierto grado de autonomía personal”. En la fase grave, la persona mayor necesita asistencia en todas las actividades de su vida cotidiana. “Aunque recuerda su nombre, pueden olvidar fácilmente el de sus familiares más cercanos. Tiene una pérdida total de la orientación temporal y espacial, no recuerda acontecimientos o experiencias recientes y muestra cambios emocionales y de personalidad, con síntomas como delirios, ansiedad, agitación e, incluso, agresividad”. Es precisamente en esta fase donde el mayor puede presentar la abulia cognitiva, o “pérdida de la fuerza de voluntad para realizar tareas y aprender”.

Tal y como indicó Manuel Castro con motivo de su participación en el Programa de formación para familiares de personas mayores dependientes de Igurco, en el estadio muy severo del deterioro cognitivo el mayor sufre una pérdida progresiva de las habilidades verbales, “hasta que no verbaliza y se manifiesta prácticamente con ruidos o sonidos inarticulados. También precisan atención constante, sufren doble incontinencia y una disminución continuada de las capacidades motoras -hasta que dejan de andar-. Todo ello se ve acompañado de síntomas neurológicos y corticales, en los que el cerebro se muestra incapaz de ordenar al resto de cuerpo cómo debe moverse”.

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